¿Líder o Zarza? 5 Señales de que Estás Estancando tu Crecimiento (y Cómo Cambiar el Rumbo)

Todos compartimos un anhelo profundo: el deseo de crecer para avanzar. Sin embargo, el crecimiento real no es simplemente un movimiento hacia adelante; es una transformación de adentro hacia afuera. Dios nos ve como semillas. Una semilla tiene un potencial genético asombroso, pero mientras permanezca en la mano o en un frasco, es inútil. Solo cuando esa semilla se rinde a la tierra, cuando "muere" a su estado anterior y echa raíces profundas en Dios, su potencial se convierte en poder real. Solo entonces da fruto, se multiplica y avanza. Pero en este camino de liderazgo y vida consciente, existe una advertencia que debemos atender con humildad: de todas las plantas que podrías llegar a ser, el mayor peligro es convertirte en una zarza. La zarza no es un árbol noble; es una maleza que, aunque parece pequeña o inofensiva al inicio, tiene la capacidad de detener tu destino y herir a quienes más amas. 1. Una identidad basada en la invasión, no en el cultivo La primera señal de un carácter tipo zarza es su forma de subsistir: la zarza vive de lo que invade. A diferencia del olivo o la vid, la zarza no se cultiva con esfuerzo; ella se aprovecha de los demás. Ahoga las plantas productivas, absorbe los recursos del suelo ajeno y desplaza a quienes realmente trabajan. No prospera por mérito, sino por usurpación. En la vida cotidiana, esto se manifiesta como el "mantenido" de la familia o el líder que busca brillar robando el crédito de su equipo. Es el perfil de quien quiere quedarse con una empresa o una posición que no ha sudado. Incluso lo vemos en gobiernos que ahogan al pueblo con impuestos sin producir bienestar, o en el líder religioso que nunca ora por otros, pero siempre exige ser el primero en recibir oración. "Espinos y cardos te producirá la tierra... a causa de tu pecado vendrá una maldición como zarzas". (Génesis 3:18) 2. La ilusión de la sombra: El peligro de las promesas vacías En la parábola de Jotán, la zarza invita a los grandes árboles a "cobijarse bajo su sombra". Es una ironía trágica: la zarza es un arbusto seco, pequeño y sin follaje; no tiene la altura ni la densidad para proteger a nadie. Representa el liderazgo basado en la "carreta" o la mentira. Es el padre o el líder que promete grandes cambios que nunca llegan. Recuerdo una vez a un hombre que me decía con aparente convicción: "Pastor, le prometo que no vuelvo a tomar, se lo juro". Y acto seguido, añadió: "Es más, para demostrárselo, ¡brindemos por eso!". Parece un chiste, pero es la realidad de muchos: prometen protección y estabilidad mientras su propia naturaleza los contradice. Sin integridad, tu liderazgo es una sombra inexistente que deja desprotegidos a quienes confían en ti. 3. Espinas que hieren: La toxicidad en la cercanía La zarza no solo es inútil; es peligrosa. Por naturaleza, su reacción automática es herir al que se acerca. En el liderazgo, esto se traduce en traición y abuso. Es el líder que utiliza su autoridad para oprimir, o el hijo que lastima a los padres que le dan de comer. Aquí debemos hacer una distinción vital para un liderazgo consciente: la verdadera autoridad no necesita herir para corregir. Mi propio padre, cuando yo tenía 16 años y vivía en profunda rebeldía, tuvo que disciplinarme con firmeza, incluso pidiéndome que abandonara la casa. Pero lo hizo sin destruir mi identidad. Me dijo: "Hijo, te amo, pero no apruebo lo que haces". Hubo disciplina, pero no hubo "espinas". El maltrato, los gritos y la ofensa no son signos de un carácter fuerte, sino de un liderazgo tipo zarza que lastima porque no sabe nutrir. 4. El carácter inflamable: Del pequeño incidente al gran incendio La zarza es altamente inflamable; prende fuego con una rapidez alarmante. Representa a las personas que convierten un malentendido insignificante en un incendio forestal. ¿Conoces a líderes o familiares que, porque la comida llegó fría o alguien apagó el televisor, arman un escándalo, una amenaza o un pleito legal? Esta cultura del escándalo y la agresión es el síntoma de una vida que no ha sido procesada por la mansedumbre. El fuego de la zarza no ilumina el camino; solo devora la paz de la comunidad, la iglesia o el hogar. 5. La esterilidad: Cuando no hay nada que ofrecer Finalmente, la zarza no produce nada comestible. No nutre, no aporta, no sirve para alimentar a nadie. Mientras que un líder transformador manifiesta el fruto del Espíritu —amor, gozo, paz, paciencia, benignidad (Gálatas 5:22)—, la zarza ofrece lo opuesto: amargura en vez de gozo, conflicto en vez de paz, y arrogancia en vez de mansedumbre. Si tu presencia en un lugar no aporta valor ni alimento emocional a los demás, es momento de examinar si tus raíces se han vuelto espinosas. -------------------------------------------------------------------------------- El vacío del liderazgo: Cuando los buenos árboles guardan silencio ¿Por qué las zarzas llegan a reinar? La parábola de Jotán nos da la respuesta: porque los árboles productivos prefirieron su comodidad. • El Olivo no quiso dejar su aceite (la unción). • La Higuera no quiso dejar su dulzura (la abundancia). • La Vid no quiso dejar su vino (el gozo). Cuando las personas éticas y capacitadas dicen "no tengo tiempo para involucrarme" o "prefiero mi tranquilidad", dejan el vacío que la zarza ocupará inevitablemente. La inacción de los buenos es el fertilizante de la mediocridad. Considera las advertencias de quienes entendieron este peso: • "Lo único necesario para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada". (Edmund Burke) • "El mundo no será destruido por los que hacen el mal, sino por aquellos que miran sin hacer nada". (Albert Einstein) • "Al final, no recordaremos las palabras de nuestros enemigos, sino el silencio de nuestros amigos". (Martin Luther King Jr.) De la maldición a la revelación: El misterio de la zarza que arde Yo mismo fui una zarza durante quince años. Viví en rebeldía, lastimé con mis espinas a quienes me amaban, fui un empleado que hacía el menor esfuerzo y un amigo que sembraba discordia. Sé lo que es ser combustible para el conflicto. Pero hay una esperanza gloriosa en Éxodo 3. Moisés encontró una zarza en el desierto que ardía, pero no se consumía. Allí, lo que antes era símbolo de maldición se convirtió en vehículo de revelación. Dios no "maquilló" la zarza, ni le puso implantes de hojas falsas para que pareciera un árbol diferente. El fuego estaba dentro de ella. La transformación no es un cambio de apariencia externa, sino de genética espiritual. Cuando el Espíritu de Dios habita dentro de ti, comienza a formar el carácter de Cristo de adentro hacia afuera. Tus espinas caen, tu genio se transforma y aquello que un día fue motivo de vergüenza, Dios lo usa como un altar de honra y sanidad para otros. Conclusión: Un llamado a examinar la raíz Nadie está condenado a ser una zarza para siempre. Si hoy reconoces espinas en tu trato, incendios en tu temperamento o falta de fruto en tu vida, no te escondas tras la culpa. La iglesia y nuestra comunidad no deben ser tribunales de juicio, sino hospitales de transformación. El único lugar donde una zarza no es rechazada ni cortada como maleza es en el altar de la rendición honesta ante Dios. Hoy puedes decidir dejar de invadir y comenzar a cultivar; dejar de herir y comenzar a dar sombra real. Para reflexionar: Al mirar tu entorno hoy —tu hogar, tu equipo de trabajo, tus amigos— ¿qué están recibiendo de ti? ¿El alimento de un fruto maduro que nutre, o la herida de una espina que aleja? Tu transformación comienza en el momento en que permites que el fuego de Dios arda en tu interior.

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